Las elecciones fraudulentas son una tradición norteamericana

por Paul Craig Roberts, en Katehon

¿Tienen memoria los estadounidenses? A veces me lo pregunto.

Es un hecho evidente que el Uno por ciento oligárquico ha ungido a Hillary, a pesar de sus innumerables problemas para ser presidente de los EE.UU.. Hay informes de que su personal ya está moviéndose a sus oficinas de la Casa Blanca. Tanta confianza antes de la votación sugiere que los motores ya se han engrasado.

El actual caso célebre contra Trump es su declaración condicional de que podría no aceptar los resultados de las elecciones si parecen haber sido manipuladas. Los prestitutos saltaron inmediatamente sobre él por “desacreditar la democracia estadounidense” y por “romper la tradición norteamericana de aceptar la voluntad del pueblo”.

¡Qué absurdo! Las elecciones robadas son la tradición norteamericana. Las elecciones son robadas a todos los niveles: estatal, local y federal. El robo de la de Chicago del Alcalde Richard J. Daley, y con ello, el voto por John F. Kennedy de Illinois es legendario. El robo de la republicana Corte Suprema de Estados Unidos de la elección presidencial de 2000 de Al Gore al impedir el recuento de votos en Florida es otro ejemplo legendario. Las discrepancias entre las encuestas de salida y el recuento de votos de las máquinas de votación electrónica programadas en secreto, que no tienen rastros de papel, también son legendarias.

Entonces, ¿a qué tanto escándalo por la sospecha de fraude electoral de Trump?

El movimiento negro por los derechos civiles ha combatido contra el fraude electoral durante décadas. El fraude ocurre mediante una serie de formas. Los negros simplemente no pueden registrarse para votar. Si consiguen registrarse, hay pocos lugares de votación en sus distritos. Y así. Después de décadas de lucha es imposible que haya negros que no sean conscientes de lo difícil que puede ser que puedan votar. Sin embargo, oí en la red de radio prestituta NPR, al Tío Tom de Hillary diciendo lo terrible que era que Trump hubiera proferido calumnias sobre la credibilidad de los resultados de las elecciones estadounidenses.

También he oído a un locutor de la NPR sugerir que Rusia no sólo había pirateado correos electrónicos de Hillary, sino que también los había alterado con el fin de fabricar documentos incriminatorios de correos electrónicos inofensivos.

Los prestitutos han hecho todo lo posible para demonizar tanto a Trump como cualquier mención de fraude electoral, porque saben que es un hecho que las elecciones serán robadas y que tendrán la tarea de encubrir el robo.