El Estado Islámico de Irak y el Levante: Una campaña genocida – parte 2: El crecimiento del wahabismo y la formación de un bastión del terror

por Aram Mirzaei. Traducción de Leonardo Del Grosso, en The Saker (enlace a parte 1 y parte 3)

En el artículo anterior analizamos la historia del concepto de Takfir, los musulmanes que practican la excomunión de otros musulmanes. También examinamos la historia de la primera gran división dentro del Islam. En esta parte analizaremos la segunda oleada de Takfir, la originada en la Península Arábiga durante el siglo 18. Antes de examinar más de cerca este ascenso, es necesaria una breve introducción a la jurisprudencia islámica, también conocida como Fiqh.

Fiqh

La Jurisprudencia Islámica es la comprensión humana o, más bien, la interpretación, de la Sharia, la ley divina. La Sharia se desarrolla a través de las interpretaciones del Corán y de la Sunna (las enseñanzas y prácticas del profeta Mahoma) por los juristas islámicos (ulema). En la medida en que la comunidad islámica atravesó varias Fitnas (divisiones), varias escuelas de jurisprudencia (madhab) se desarrollaron con diferentes interpretaciones del concepto de Sharia. Entre las escuelas sunitas de pensamiento, cuatro ramas principales ganaron preeminencia en el seno de la comunidad suní. Estas ramas son: escuelas de pensamiento Hanafi, Maliki, Shafi y Hanbali.

La escuela Hanbali de pensamiento se destaca en que no sólo es la más pequeña de las cuatro escuelas principales, sino también la más extrema. Fundada por Ahmad Ibn Hanbal (780-855), quien fue discípulo de Al-Shafi (fundador de la escuela Shafi), él estaba profundamente preocupado con “reinterpretaciones” de la doctrina del Corán y del Hadiz. Ibn Hanbal fue un firme defensor de volver a la interpretación literal del Corán y de los Hadices, rechazando varios dictámenes religiosos a los que consideraba ser meras especulaciones. En la medida en que se ganó adeptos (hanbalitas), las relaciones con el califato abasí se hicieron cada vez más tensas en tanto que sucesores de Ibn Hanbal tales como Al-Hasan Ibn Ali Al-Barbahari abogaron por la violencia contra aquellos considerados pecadores. Pronto, turbas armadas se formaron, atacando a los correligionarios chiítas y sunitas que eran sospechosos de comportamiento pecaminoso.

A medida que el caos comenzó a extenderse en el Califato, el califa Ar-Radi condenó públicamente a la escuela Hanbali y terminó su patrocinio por parte de los organismos religiosos estatales. Por lo tanto, la escuela Hanbali había sido marginada.

Siglo 18: el crecimiento del wahabismo

El Wahabismo lleva el nombre del predicador y erudito del siglo 18, Muhammad Ibn Abd Al-Wahhab, que inició lo que él vio como una ideología de resurgimiento en la región árabe de Nejd, hoy parte de Arabia Saudita. Su ideología abogó por una purga de prácticas que él consideró idólatras (shirk) y “culto a los santos”, en referencia a la visita de santuarios y tumbas de figuras importantes del Islam, algo que él considera impurezas e innovaciones. Por lo tanto, se convirtió en su principal misión el difundir lo que él cree que es una convocatoria a la restauración de la verdadera adoración monoteísta.

Abd Al-Wahhab comenzó a atraer seguidores, incluyendo el gobernante de Uyayna (un pueblo en la región Nejd), Uthman Ibn Muamar. Abd Al-Wahhab llegó a un acuerdo con Ibn Muamar, de apoyar las ambiciones políticas de Ibn Muammar de expandir su dominio sobre Nejd y más allá, a cambio del apoyo de Ibn Muammar a las enseñanzas religiosas de Abd al-Wahhab. Abd Al-Wahhab comenzó a poner en práctica sus ideas en la región, prohibiendo lo que él consideraba la tumba de culto, organizando la lapidación de las mujeres que fueron acusadas de adulterio y destruyendo la tumba de Zayd Ibn al-Jattab, un compañero del profeta Mahoma.

Estas acciones, sin embargo, no pasaron desapercibidas para otros gobernantes influyentes en la región de Nejd, siendo uno de ellos Suleiman Ibn Muhammad Ibn Ghurayr, que amenazó a Ibn Muamar con denegarle la capacidad de recaudar impuestos en la región Nejd si no mataba o desterraba a Abd al-Wahhab. Por lo tanto Ibn Muamar obligó a Abd Al-Wahhab a irse de Nejd.

Abd Al-Wahhab no detuvo sus afanes allí, y en cambio fue invitado por un gobernante de un pueblo cercano en Diriyah, Muhammad Ibn Saud. En 1744 se reunieron e hicieron un pacto donde Ibn Saud protegería y propagaría las doctrinas de Abd Al-Wahhab, mientras que a su vez él proclamaría campeón a Ibn Saud para que gobernara toda la Península Arábiga. Este acuerdo fue confirmado con un juramento mutuo de lealtad (bayah) y ese mismo año marcó la emergencia del primer estado saudí, el Emirato de Diriyah.

La doctrina wahabí y el movimiento salafista

El movimiento wahabí se puede decir que se inspiró en los escritos de Ahmad bin Hanbal, fundador de la escuela Hanbali de pensamiento. Aunque esta cuestión está en su mayor parte en debate ya que los wahabíes no se consideran a sí mismos como parte de ninguna escuela de pensamiento. Los wahabíes siempre han rechazado toda la jurisprudencia que, en su opinión, no se adhirió estrictamente a la letra del Corán y del Hadiz, no obstante esta afirmación, ellos siguen la metodología Hanbali de conservadurismo extremo en la aplicación de la ley de la Sharia.

El movimiento salafista

El salafismo es un movimiento ultra conservador dentro de la rama sunita del Islam. La doctrina del salafismo es una que toma un enfoque fundamentalista del Islam, centrándose en la emulación del profeta Mahoma y sus primeros seguidores de Al-Salih Al Salaf (piadosos antepasados). Al igual que el wahabismo y la escuela Hanbali, rechazan las innovaciones y garantizan una aplicación estricta de la ley de la sharia. Aunque comparten muchas similitudes con la doctrina wahabí, los salafistas, más aún, rechazan el término wahabí, lo consideran un agravio. Aún así, los salafistas modernos tienden a considerar Abd Al-Wahhab como un salafista, y su libro Kitab al-Tawhid todavía se lee y es citado frecuentemente por los seguidores y eruditos salafistas. Aunque tienen un pasado diferente, ya que el wahabismo se originó en la Península Arábiga y el salafismo se originó en Egipto, comparten la misma doctrina de purgar las prácticas consideradas por ellos como idolátricas, tales como las visitas a los santuarios y tumbas, y otras “impurezas”.

Se podría desglosar la doctrina wahabí en estos aspectos definitorios:

1- El cumplimiento estricto del Corán y las tradiciones proféticas. Esto significa una interpretación literal del Corán y la oposición a Tawil, que significa interpretaciones metafóricas.

2- Estricta oposición al acto de Tawassul a través de otro que no sea Alá, lo que significa pedir a Alá por algo a través de la utilización de un santo difunto u hombre piadoso como intermediario. Esta parte se refiere a su oposición a la visita de tumbas y a la fe en el “culto a los santos”. Este acto es visto por los wahabíes como Shirk (politeísmo).

3- Abrazar las ideas de Ibn Tayyima, que permiten declarar no-musulman a un musulmán confeso que no sigue la ley islámica -de tal manera que el “verdadero musulmán” justifica su guerra y conquista sobre aquellos a los que se considera como no musulmanes.

La misión wahabí

Cuando Ibn Abd Al-Wahhab pactó con los gobernantes de Diriyah con la perspectiva de difundir sus herejías fácilmente a través de ellos, de buen grado cooperaron con él con la esperanza de extender sus territorios y aumentar su poder. Se esforzaron plenamente para difundir sus ideas en todas partes.

Ellos declararon la guerra contra los que rechazaron unirse al ejército de Muhammad Ibn Saud cuando se declaró que es halal saquear y matar a los no wahabíes. Muhammad Ibn Saud y Muhammad Ibn Abd Al-Wahhab llegaron a la conclusión que aquellos que no aceptarían el wahabismo serían kafirs y mushriks (politeístas) y que era halal matarlos y confiscar sus posesiones, anunciando públicamente esta declaración siete años más tarde.

Esta nefasta alianza entre la ideología wahabí y la familia Al-Saud ha perdurado por más de dos siglos y medio, sobreviviendo tanto la derrota como el colapso. Las dos familias (la de Abd-al-Wahhab y Al-Saud) se han desposado varias veces a través de generaciones y no es ninguna casualidad que en la actual Arabia Saudita el ministro de religión es siempre un miembro de la familia Al-Sheikh, descendientes de Ibn Abd-al-Wahhab.

Uno de los ataques más notables y crueles de los wahabíes ocurrió en Karbala en 1802. Allí ellos entraron en la ciudad y mataron a la mayoría de su población en los mercados y en sus hogares. Destruyeron la cúpula colocada sobre la tumba del Imam Hussein, el tercer Imam infalible en la fe chiíta, y saquearon la tumba por completo. Este acto fue y sigue siendo considerado como uno de los crímenes más atroces cometidos contra la ciudad de Karbala y la población chiíta en su conjunto. También es de destacar que este acto fue legitimado por los agresores wahabíes en que no consideraron a la población de Karbala como musulmanes en absoluto. Este crimen fue seguido por otros varios asaltos nefandos a lo largo de la región, incluyendo el ataque a Taif, en la región de Hiyaz en la Península Arábiga, donde en 1803 masacraron a toda la población masculina y esclavizaron a las mujeres y niños de la ciudad.

Al-Saud logró establecer su dominio sobre el suroeste de Siria entre 1803 y 1812 antes que fuera expulsado por las fuerzas egipcias actuando bajo el Imperio Otomano, lideradas por el bajá Ibrahim. En 1818 derrotaron a Al-Saud, arrasaron la capital Diriyah y ejecutaron el emir Al-Saud. Sin embargo, no llegaron a destruir el liderazgo político y religioso de la Casa de Saud y la ideología wahabí. Un segundo estado saudí pronto se levantó de sus cenizas (Emirato de Nejd) y duró de 1819 a 1891. Desde que fue aislado dentro de la región de Nejd, un lugar desolado carente de recursos y con escasa comunicación y transporte en el momento, los otomanos no se vieron motivados a llevar a cabo más campañas en la región, y de esta manera la ideología wahabí sobrevivió, aunque muy debilitada.

Pero todo esto cambiaría con la caída del Imperio Otomano después de la Primera Guerra Mundial cuando los administradores británicos buscarían colaboradores divisionistas en el mundo árabe, como lo habían hecho en el subcontinente indio en años anteriores. Encontraron a los colaboradores perfectos en la sectaria doctrina wahabí. Los saudíes horrorizaron y fascinaron a los británicos, al mismo tiempo que Winston Churchill escribía que los wahabíes “mantienen como una prenda del deber, así como de la fe, el matar a todos aquellos que no comparten sus opiniones y hacer esclavos a sus esposas y niños. Las mujeres han sido ejecutadas en los pueblos wahabíes por simplemente salir a la calle”. (1)

Sin embargo, Churchill también expresó su admiración por Ibn Saud por su “lealtad inquebrantable” a los británicos. Un memorando del gobierno británico a partir de mediados de 1940 señalaba que “la influencia de Ibn Saud en el Oriente Medio es muy grande, y se ha utilizado consistentemente durante varios años en respaldo a nuestra política”. (2)

Con el ascenso del presidente egipcio Jamal Abdul Nasser, un héroe del nacionalismo árabe, los EE.UU. también comenzaron a interesarse en la casa de Saud. El presidente estadounidense Eisenhower también estaba buscando un plan para dividir a los árabes y derrotar los planes de sus enemigos (la Unión Soviética), mediante la proyección del rey saudí como contrapeso de Nasser. Esta estrecha relación entre Estados Unidos y los saudíes tuvo un gran éxito durante la intervención soviética en Afganistán, donde los saudíes y los EE.UU. cooperaron cerradamente en armar, respaldar, entrenar y promover el yihadismo contra los “infieles” soviéticos. Esta relación es la que el profesor Tim Anderson describe como “no sólo una relación entre una potencia global y un proveedor de petróleo, sino más bien la de la gran potencia con un colaborador político principal en la región, y uno con un largo historial de sectarismo”. (3)

Esta alianza se mantiene en pie hoy y en la siguiente parte de esta serie de artículos, vamos a explorar su colaboración en el conflicto sirio y el proyecto que se llama “El Estado Islámico de Irak y el Levante”.

 

(1) Tim Anderson, “La guerra sucia en Siria”, capítulo 5, página 42.
(2) Ibid.
(3) Ibid.